Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.
Yo no quiero vecínas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.
Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.
Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.
No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.
Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
(Sabina)
martes, 15 de mayo de 2007
martes, 8 de mayo de 2007
poema de leopardi
EL SUEÑO
Era el alba, y detrás de los postigos
por el balcón el sol insinuaba
la luz primera en mi cerrada alcoba;
cuando en el tiempo que es más leve el sueño
y más suave cubre las pupilas,
junto a mí vino, y me miró ala cara
el simulacro de la que primero
el amor me enseñó, y me dejó el llanto.
No parecía muerta, sino triste,
con semblante infeliz. Con la derecha
cogiendo mi cabeza y suspirando
"¿Vives –me dijo– y guardas de nosotros
algún recuerdo?" Respondí: "¿De dónde
y cómo vienes, oh belleza? ¡Ah cuánto,
cuánto pené por ti: yo no pensaba
que pudieras saberlo, y esto hacía
aún más desconsolado mi dolor.
¿Pero vas a dejarme una vez más?
Lo temo mucho. Di, ¿qué te ha ocurrido?
¿eres tú la de ayer? ¿y qué te aflige
eternamente?" "Ofusca la olvidanza
tu pensamiento, y lo confunde el sueño
-dijo-. Estoy muerta, y hace muchas lunas
me viste por postrera vez". Inmenso
dolor el pecho me oprimió al oírlo.
y prosiguió: "Morí en la flor del tiempo,
cuando la vida es más hermosa, y antes
que el corazón comprenda que son vanas
las esperanzas. El mortal enfermo
desea fácilmente a quien le libra
de afanes; mas la muerte sin consuelo
llega a la juventud, y es duro el hado
de la esperanza extinta bajo tierra.
Vano es saber lo que a los inexpertos
de la vida natura les esconde,
y al saber inmaduro en mucho gana
el dolor ciego." "Oh cara, oh sin ventura,
calla, calla -le dije- pues el pecho
tu voz me rompe. ¿Así pues, estás muerta,
oh mi dilecta; y yo estoy vivo? ¿el cielo
ordenó pues que aquel sudor extremo
este cuerpo tan tierno y tan querido
probar debiera, y para mí quedaran
enteros mis despojos? ¡Cuántas veces,
al pensar que no vives y que nunca
te volveré a encontrar en este mundo,
no lo puedo creer! Ay, ay ¿qué es esto
llamado muerte? ¡Si hoy por experiencia
lo supiese, e inerme la cabeza
sustrajera a los odios del destino!
Soy joven, mas se pierde y se consume
mi juventud igual que la vejez
que aún está lejos, pero que me espanta.
Pero de la vejez poco difiere
de mis años la flor." "Los dos nacimos
-dijo- para llorar; a nuestra vida
la dicha no rió; y se gozó el cielo
con nuestras penas." "Si de llanto el párpado
-añadí- y mi semblante emblanquecido
por tu partida ahora, y si de angustia
llevo el pecho cargado, di, ¿de amor
ascua alguna, o piedad alguna vez
hacia el mísero amante ardió en tu pecho
cuando vivías? Yo desesperando
y esperando pasaba día y noche
entonces; y hoy se cansa en vanas dudas
mi mente. Que si al menos una vez
dolor sentiste de mi negra vida
dímelo, te lo pido, y me socorra
el recordar, pues de futuro privan
a nuestros días”, y ella: "Oh desdichado,
consuélate. Yo de piedad avara
en vida no te fui, ni ahora lo soy,
mísera yo también. No tengas queja
de esta desgraciadísima muchacha."
"Por nuestra desventura, y el amor
que me oprime –exclamé– por el querido
nombre de juventud, y la perdida
esperanza, permíteme, oh amada,
que tu derecha toque." y con un gesto
triste y suave me la dio, y al tiempo
que de besos la cubro, y de afanosa
dulzura palpitando a mi anhelante
seno la aprieto, de sudor hervían
pecho y rostro, la voz se me cortaba,
y vacilaba el día ante mis ojos.
Cuando ella tiernamente su mirada
fijó en la mía, " ¿Olvidas, oh querido,
-dijo- que estoy desnuda de belleza?
y tú de amor en vano, oh desdichado,
tiemblas y ardes, y ahora, al fin, adiós.
Nuestros cuerpos y mentes se separan
eternamente. Para mí no vives
y nunca vivirás. Ya rompió el hado
tu fe jurada." Entonces con angustia
yendo a llorar, y delirando, henchidas
las pupilas de llanto sin consuelo,
dejé el sueño. Mas ella sin embargo
quedó en mis ojos. Y en el rayo incierto
del sol me pareció seguirla viendo.
Era el alba, y detrás de los postigos
por el balcón el sol insinuaba
la luz primera en mi cerrada alcoba;
cuando en el tiempo que es más leve el sueño
y más suave cubre las pupilas,
junto a mí vino, y me miró ala cara
el simulacro de la que primero
el amor me enseñó, y me dejó el llanto.
No parecía muerta, sino triste,
con semblante infeliz. Con la derecha
cogiendo mi cabeza y suspirando
"¿Vives –me dijo– y guardas de nosotros
algún recuerdo?" Respondí: "¿De dónde
y cómo vienes, oh belleza? ¡Ah cuánto,
cuánto pené por ti: yo no pensaba
que pudieras saberlo, y esto hacía
aún más desconsolado mi dolor.
¿Pero vas a dejarme una vez más?
Lo temo mucho. Di, ¿qué te ha ocurrido?
¿eres tú la de ayer? ¿y qué te aflige
eternamente?" "Ofusca la olvidanza
tu pensamiento, y lo confunde el sueño
-dijo-. Estoy muerta, y hace muchas lunas
me viste por postrera vez". Inmenso
dolor el pecho me oprimió al oírlo.
y prosiguió: "Morí en la flor del tiempo,
cuando la vida es más hermosa, y antes
que el corazón comprenda que son vanas
las esperanzas. El mortal enfermo
desea fácilmente a quien le libra
de afanes; mas la muerte sin consuelo
llega a la juventud, y es duro el hado
de la esperanza extinta bajo tierra.
Vano es saber lo que a los inexpertos
de la vida natura les esconde,
y al saber inmaduro en mucho gana
el dolor ciego." "Oh cara, oh sin ventura,
calla, calla -le dije- pues el pecho
tu voz me rompe. ¿Así pues, estás muerta,
oh mi dilecta; y yo estoy vivo? ¿el cielo
ordenó pues que aquel sudor extremo
este cuerpo tan tierno y tan querido
probar debiera, y para mí quedaran
enteros mis despojos? ¡Cuántas veces,
al pensar que no vives y que nunca
te volveré a encontrar en este mundo,
no lo puedo creer! Ay, ay ¿qué es esto
llamado muerte? ¡Si hoy por experiencia
lo supiese, e inerme la cabeza
sustrajera a los odios del destino!
Soy joven, mas se pierde y se consume
mi juventud igual que la vejez
que aún está lejos, pero que me espanta.
Pero de la vejez poco difiere
de mis años la flor." "Los dos nacimos
-dijo- para llorar; a nuestra vida
la dicha no rió; y se gozó el cielo
con nuestras penas." "Si de llanto el párpado
-añadí- y mi semblante emblanquecido
por tu partida ahora, y si de angustia
llevo el pecho cargado, di, ¿de amor
ascua alguna, o piedad alguna vez
hacia el mísero amante ardió en tu pecho
cuando vivías? Yo desesperando
y esperando pasaba día y noche
entonces; y hoy se cansa en vanas dudas
mi mente. Que si al menos una vez
dolor sentiste de mi negra vida
dímelo, te lo pido, y me socorra
el recordar, pues de futuro privan
a nuestros días”, y ella: "Oh desdichado,
consuélate. Yo de piedad avara
en vida no te fui, ni ahora lo soy,
mísera yo también. No tengas queja
de esta desgraciadísima muchacha."
"Por nuestra desventura, y el amor
que me oprime –exclamé– por el querido
nombre de juventud, y la perdida
esperanza, permíteme, oh amada,
que tu derecha toque." y con un gesto
triste y suave me la dio, y al tiempo
que de besos la cubro, y de afanosa
dulzura palpitando a mi anhelante
seno la aprieto, de sudor hervían
pecho y rostro, la voz se me cortaba,
y vacilaba el día ante mis ojos.
Cuando ella tiernamente su mirada
fijó en la mía, " ¿Olvidas, oh querido,
-dijo- que estoy desnuda de belleza?
y tú de amor en vano, oh desdichado,
tiemblas y ardes, y ahora, al fin, adiós.
Nuestros cuerpos y mentes se separan
eternamente. Para mí no vives
y nunca vivirás. Ya rompió el hado
tu fe jurada." Entonces con angustia
yendo a llorar, y delirando, henchidas
las pupilas de llanto sin consuelo,
dejé el sueño. Mas ella sin embargo
quedó en mis ojos. Y en el rayo incierto
del sol me pareció seguirla viendo.
miércoles, 2 de mayo de 2007
A veces uno se siente roto, solo, hundido. Pero a veces la mirada de alguien que no conoces, ese momento quedo que hace que la sonrisa interior te catapulte de bajo tierra hasta la luna, te convierte en tu própio héroe en solo un segundo. Por eso es importante saber mirar con los ojos, con los dedos, con la voz, con los oídos. Mirar para sentir.
A veces uno se siente roto, solo hundido en su propia cama. La mirada de la persona de al lado te hunde aún más. No te mira. Duerme. Haces un SOS silencioso, a veces incluso, con los dedos en su cuerpo. Pero el no movimiento, la no respuesta, la antítesis de la acción (la no reacción) te hace pesar aún más en tu desastre. Miras y no te sienten. Miras y sientes. Esperas que pasen las horas para subir en un metro interurbano y empezar a mirar quién te salvará en un solo segundo.
A veces uno se siente roto, solo hundido en su propia cama. La mirada de la persona de al lado te hunde aún más. No te mira. Duerme. Haces un SOS silencioso, a veces incluso, con los dedos en su cuerpo. Pero el no movimiento, la no respuesta, la antítesis de la acción (la no reacción) te hace pesar aún más en tu desastre. Miras y no te sienten. Miras y sientes. Esperas que pasen las horas para subir en un metro interurbano y empezar a mirar quién te salvará en un solo segundo.
martes, 1 de mayo de 2007
Regresa y tomame
" Regresa a menudo y tómame,
sensación bien amada.
Regresa y tómame
cuando la memoria se despierte,
cuando un antiguo deseo pase por la sangre,
cuando los labios y la piel recuerden
y las manos crean tocar de nuevo...
Regresa a menudo y tómame de noche
a la hora en que los labios y la piel recuerdan. "
Constantin Kavafis
sensación bien amada.
Regresa y tómame
cuando la memoria se despierte,
cuando un antiguo deseo pase por la sangre,
cuando los labios y la piel recuerden
y las manos crean tocar de nuevo...
Regresa a menudo y tómame de noche
a la hora en que los labios y la piel recuerdan. "
Constantin Kavafis
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