miércoles, 2 de mayo de 2007

A veces uno se siente roto, solo, hundido. Pero a veces la mirada de alguien que no conoces, ese momento quedo que hace que la sonrisa interior te catapulte de bajo tierra hasta la luna, te convierte en tu própio héroe en solo un segundo. Por eso es importante saber mirar con los ojos, con los dedos, con la voz, con los oídos. Mirar para sentir.
A veces uno se siente roto, solo hundido en su propia cama. La mirada de la persona de al lado te hunde aún más. No te mira. Duerme. Haces un SOS silencioso, a veces incluso, con los dedos en su cuerpo. Pero el no movimiento, la no respuesta, la antítesis de la acción (la no reacción) te hace pesar aún más en tu desastre. Miras y no te sienten. Miras y sientes. Esperas que pasen las horas para subir en un metro interurbano y empezar a mirar quién te salvará en un solo segundo.

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